No sé por qué a muchos les cae gordo mi amigo Agustín. La verdad, no creo que sea por lo llenito. Tal vez por que tiene fama de ser muy cule*o. Fama que se ganó cuando él estudiaba en la uni de Chicago Boys, donde aprendió su oficio de choricero.

Desde entonces se dedica a vender enchorizadas, y la muina viene de que algunos que han consumido sus productos les ha caído mal en el estómago (y el el bolsillo). Yo como sea le compro sus porquerías, pero no me las como, las paso más delante para que otros se las traguen, soy su amigo, no su pende*o.

En realidad, Agustín no es mala persona, todo lo contrario, es un tipo muy noble, con un corazón enorme, tan grande que no le cabe en el pecho y se le baja a la panza.

Él ha ayudado a mucha gente, pero no le gusta hablar de eso, además de caritativo, modesto. Hace algunos años él ayudó a unos chavos de la colonia FOBAPROA que eran bien ratas y la Ley ya los traía de la cola. Y cuando les iban a echar el guante, el Agustín, junto con un compa suyo (el Pancho Gilipollas, creo), que les da quebrada de esconderse en una letrina de la calle IPAB, y ahí estuvieron los batos hasta que todo se calmó.

Y así hizo muchas cosas por el estilo, pero la más reciente no tiene mauser.

Estaba yo lavándome las manos (cosa que siempre hago por que soy muy limpio) después de haber leído la sección de empleos, y me llaman a mi cel…

- ¡Qué onda, inchi gordo! ¡Qué cuentas, cuándo nos vamos de peda?!

- Te voy a contar algo pero no le digas a nadie, OK?

Lo que me platicó me dejó helado. Ora sí que casi casi le hace al Robin Hood. Nunca supe de otra gente más bondadosa (y creativa, muéranse de envidia, perros) que el Agustín.

El plan era, primero, cerrar todos los caminos y luego construir un puente por el cual todos a huevo tendrían que pasar para poder cruzar a otro lado del camino.

Segundo, contratar muchos rateros, profesionales y amateurs, para asaltar a todos los que pasen por el puente. Así de simple.

Y el dinero “recaudado” darlo para obras de caridad, especialmente para mantener a los niños del orfanato Santa Prángana de las Lacras, que está ubicado en la colonia Funcionarios Públicos.

A mí siempre me dió cosita ver a esos niños, todos tullidos y hambreados, pero lo más gacho, que no tienen madre … ni padre.

Con esta idea del puente IETU (no sé por qué le puso así), Agustín se pasó de sensible, de plano a veces se pasa de buena gente.