Hay una chava que me trae de una ala. Se llama Ruth y jala de bailarina en el antro “Cámara, carnalito”, un lugar muy frecuentado por toda la raza y donde llegan al reve cuates de todas las bandas.

La conocí hace poco y desde que la ví pensé: “Quién fuera guapetón para que me hagas un chupetón”. Pero yo sé que estoy feo y no me emocioné demasiado.

Debo aclarar que nos conocimos en una situación muy accidentada. Era mi cumpleaños y el festejo se hizo en ese antro. Ella estaba a punto de cantar una rola con el karaoke y ¡sopas! de repente se apagó el micrófono y las cámaras de video dejaron de funcionar.
Yo me asusté y creí que había fantasmas, neta que sí.

Ya despuecito me di cuenta que me había enredado en los cables de corriente y desconecté (sin querer) los aparatos.
Todos me abuchearon pero como era mi cumpleaños y estaban de invitados, pues tragaron camote. Excepto la Ruth. Ella me miró muy gacho, como diciéndome: serás pendejo, pelón.

Total, mi amigo Cristian Castañuelas salió al quite y le echó la culpa al disc jockey, un bato que le decían “El chivo” (creo que se llamaba René) y lo corrieron de la fiesta (y del changarro).

Con el tiempo, ella como que se acostumbró a verme en el antro y un buen día, las cosas cambiaron.

No sé bien cómo estuvo la bronca, creo que mi amigazo Mamilo Mouroñas quizo fajarse a la Ruth y en eso que llega el metichote de Andrés, un guey que en todo se mete sin que nadie lo llame.
El Andrés empezó a chismear por todos lados que Ruth se dejaba agarrar la pierna, y ella se encabronó y que se arma el desmadre en el antro. Paró la música y ya todo en silencio le mentó la madre al Andrés y a todos nos leyó la cartilla: Si creen que me van a gritar como le gritan a sus viejas, están pero bien pendejos. Conmigo se chin***

De hecho, la Ruth empezó a hacerle el paro a mi amigo Mamilo, no dejando que lo balconearan en una de tantas movidas en que se cuaja.
Yo, como siempre, nomás la veía bailar, sin esperanzas de que se fijara en mí. Una morra tan buenota no es para mí.

Un día, ella salía del antro y yo, apendejado, le tomé una foto con mi cel (la foto de la derecha) y ella se me quedó viendo como quien ve a un perro atropellado.
Se acercó a mí y me dijo: ¿A quioras vas por el PAN, chaparrito?, y siguió su camino.

No les cuento lo que hice esa noche, pero desde entonces creo que la Ruth me tira los canes.
Sin embargo, a pesar de lo buenérrima que está, hay algo que no me acaba de gustar, algo postizo en ella, no sé exactamente qué, si se trata de sus bubis, o de su posición ideológica.

Como sea, yo me siento bien chido.