Hoy me puse nostálgico. Los recientes conflicos violentos entre las tribus urbanas, y en especial, los emos, me hicieron recordar que alguna vez yo también fui uno de ellos.
Estaba más chavo, en la edad más emocional y en la que se es muy sensible, además, la mano firme empieza a trabajar duro. Época de espinillas y poemas melosos. El amor, el primer amor, llega y se va. Es el tiempo de la incertidumbre, pero sobre todo, de la depre.
Un día, me desperté muy aguitado, más de lo acostumbrado. Me daba mucha tristeza todo: los precios de la canasta básica, la pobreza de la gente, mi baja estatura, etc.
Me levanté, me peine el copetón (en ese tiempo sí tenía pelo) cubriendo el ojo pispireto, y me salí llorando a la calle.
“Ya cállate, pinche loca enana” me gritaban, pero yo seguí hasta que ya no pude más.
Levanté mi mirada (siempre lo hago dada mi baja estatura) y miré el horizonte. Ví un cielo azul, un suelo azul, todo era azul, fue tan emocionante que me entró una fuerte pasión por México (disculpen, estoy sollozando mientras escribo esto), y me dije:
“Felipe, ahora te toca a tí”.
En fin. Pendejadas de puberto. Ahora que conseguí lo que quería, me vale madre los precios de los alimentos, que si venden PEMEX, etc.
¡Qué bueno que esa etapa es pasajera! (Aunque la mano firme sigue jalando, jejeje)

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